Ayudar nunca cansa

Por:

Karen Rocha Villalba
14/03/2019

Si hay una persona que se encuentra en situación de vulnerabilidad ¿cuáles argumentos tendrías para no abrir tu corazón, ser solidario y alejarte de las preocupaciones, solo por unas horas, antes de que termine el día?

Somos tantos, pero nunca es suficiente. Cada quien conoce sus motivaciones para ayudar, algunos lo hacen porque siente gratitud hacia la vida que les tocó, otros porque en algún momento determinado también recibieron apoyo de otras personas. En algunos casos porque se dieron cuenta que el sistema dejaba al margen a los más vulnerables, o en determinados casos, porque hay una necesidad imperante de hacer cambios en sus vidas, y que esos cambios tengan necesariamente que involucrar a otras personas a ser mejores, a superarse.

Ayudar nunca cansa, y es contagioso, además. Hemos visto en este tiempo en Cadenas de Apoyos cómo basta con levantar la voz de la emergencia, de mostrar el rostro humilde de quien sufre para que más de alguna persona se comprometa con la ayuda, aunque esta sea ofreciendo su colaboración sirviendo una sopa caliente, o juntando enceres, o motivando a quien tiene más para que apoye. Es un trabajo que no toma mucho tiempo, y que enriquece el corazón.

No cuesta mucho ser buena persona, solo basta abrir el corazón y hacer el ejercicio diario de preguntarte que, si hay una persona que se encuentra en situación de vulnerabilidad ¿cuáles argumentos tendrías para no abrir tu corazón, ser solidario y alejarte de las preocupaciones, solo por unas horas, antes de que termine el día?

En Chile nos enseñaron siempre a ser solidarios, no perdamos esa costumbre, ni mucho menos perdamos el enfoque de que ayudar es una parte inherente al ser humano, que es necesario practicarla si pretendemos algún día llegar al final de nuestros días sabiendo que, en parte, de eso se trata la felicidad: ser solidarios, entregar amor a quienes más lo necesitan.