Por un feminismo sin mujeres… esa es la utopía matrística…

Por:

FranciscoOlivares
18/06/2011

Haciendo de guatón copión y de patudo (por citar un libro sin leerlo), les presento otra metida de cuchara en un tema que me apasiona: el feminismo, no por lo que es sino por lo que podría ser…

Esto es un plagio del título del libro “Por un feminismo sin mujeres” (Territorios Sexuales Ediciones, 2011). No lo he leído, pero me parece una frase desafiante y que me hace click con mis emociones en torno al feminismo. No lo había puesto en palabras explícitas pero creo que el feminismo no es un tema de mujeres ni que deba ser liderado sólo por mujeres ni que deba ser territorio vedado para hombres u otras minorías.

Justamente. Lo principal no es que las mujeres sean feministas, sino que los hombres lo sean. Y no me refiero a esas vainas de las “nuevas masculinidades” ni los sueños de “dioses cornudos” de las neopaganas de la diosa. Es un punto práctico y político: la lucha por la igualdad de derechos, la lucha por los derechos humanos de las mujeres, debe ser un tema de todxs, una bandera común.

Por lo mismo, me parece una pelotudez que lxs ministrxs y directorxs regionales de SERNAM tengan que ser necesariamente mujeres. Yo creo que todas las mujeres están de acuerdo en que viven en una situación de subordinación cultural respecto a los hombres (quizás no lo dicen con esas palabras, pero bueno…). La gracia es si los hombres asumen que el poder que ejercen contra las mujeres no es el orden natural de las cosas.

Otro ejemplo alejado del campo del género. ¿Por qué muchos creen que las políticas de educación intercultural son un fracaso? Porque el Estado sólo les enseña lenguas indígenas a lxs niñxs indígenas que viven en zonas rurales donde se habla habitualmente esos idiomas. Para que el tema sea de verdad intercultural todxs lxs niñxs, urbanxs y rurales, indígenas y no-indígenas, deberían tener como segunda lengua la indígena. Eso sería un enorme paso para terminar con el racismo.

Y lo mismo con las feministas. Creo que a esas organizaciones les falta la habilidad de seducir a los hombres y otros movimientos sociales para emprender caminos juntos o paralelos. La política de getto ya no sirve.

Si pensamos que las personas, los seres humanos, somos seres, por sobre todo, culturales, y que la fuente de todas las inequidades que vivimos parten desde la cultura que enganchamos desde el útero, una sociedad matrística (la utopía ecofeminista) ¿no sería también un lugar más amigable para los indígenas, los infantes, las minorías sexuales, los migrantes, etc., etc.?

Ojalá el feminismo estuviera ocupado íntegramente por hombres. Ya estaríamos al otro lado.